sábado, 1 de enero de 2011

Propósitos para 2011

Había pensado en escribir mis propósitos para el año entrante con una lista (normalmente diez es el número mágico para estos casos) de tono informal, pero ante el riesgo de que los propósitos se contagiaran de esa liviandad, he decidido ir más allá en mis deseos, que precisamente por ser eso, intenciones y voluntades, no deben limitarse a un pensamiento rápido y volátil sino que deben impregnarse de la solemnidad que requieren.

Mi deseo, en el que confluyen plurales anhelos universales y personales, es, sencillamente, comenzar a echar raíces, pero no mediante los mecanismos burgueses que acontentan hoy a tantas personas: no quiero hipotecas (esa habitación extra de nuestra casa que le regalamos a los bancos), no necesito una fecha de boda, no ansío el contrato indeterminado. Me basta el romántico y proletario alquiler, me basta comprar un mueble sin pensar si un día será fácil de transportar, me basta preguntarme qué quiero para cenar a las nueve de la noche y no a las seis de la tarde; quiero la discusión de las navidades en tu casa o en la mía, quiero olvidar la tarifa del teléfono para llamarte, quiero dejar de acompañarte a la estación; me conformo con madrugar sin preguntarme si merece la pena, me conformo con trabajar ocho meses seguidos si lo sé desde el principio, me conformo con no verme obligado a borrar líneas de mi curriculum.

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